Uno de los temas más relevantes que siento en la interacción humana es el tema de la aceptación, el amor propio, el amor a otros y el tema del rechazo, el juicio y la crítica, ya sea interna o externa. Es tan amplio que nose si podré referirme ahora a todo los puntos que me gustaría plantear con respecto a estos temas, y a los grados de daño o violencia que pueden llegar, pero en este escrito, siento apuntar al rechazo. A cómo lo manejamos, a cómo lo hacemos, y cómo nos recuperamos de él si es que lo experimentamos doloroso en algún momento. Siento que naturalmente en esta vida habrá resonancias y disonancias con personas, lugares, proyectos o sueños. Siento que en este planeta “por diseño”, caben una gama impresionante de experiencias, vibraciones y seres que se juntan, atraen, separan, bailan entre sí y luego ya no. Entonces una de las cosas fundamentales a poder navegar aquí es el cambio, propio y de los demás, la idea de la vida y la muerte, algo que nace y se acaba, como un ciclo natural que nos enseña la tierra constantemente. La vida y la muerte de las ideas, de los planes, de los seres, y parte de esta experiencia aquí al parecer, es aprender a moverse, o a fluir con los cambios y a poder ir creando lo que si va resonando en cada momento. Como un aspecto entonces de la “muerte”, podemos considerar el final o término de las cosas y dentro de ello, la experiencia del rechazo. Muchas veces he sido rechazada, muchas veces he sentido que rechazo, y lo digo así “rechazo”, porque esa palabra es un grado más fuerte de decir “ya no quiero”, de “alejarse”, de decir que “no”, o poner “límites”. Entonces creo importante primero saber que eso puede pasar, saber que no todos nos van a querer o van a querer estar con nosotros, aunque lo queramos. El hecho de saber entonces que la vida en la tierra tiene un grado de muerte y de vida, de ciclo natural, de temporalidad y vibraciones diferentes o de cambios, puede incluso permitirnos también a nosotros mismos poder ejercer ese derecho de cambiar, de opinión, de perspectiva, de afecto, etc. El dolor asociado a eso es otra cosa. También me ha dolido el rechazo, sentir que tal vez no soy suficiente para alguien a quien todavía amo, es decir, con alguien con quien todavía quiero relacionarme o sentir su presencia cerca, se puede sentir profundamente doloroso, como romperse, o como un desgarro, como un vacío que no se llena, y la sensación de que “tiene que ver conmigo”, como si algo en mi estuviera “mal, porque ese ser ya no me quiere cerca”, creo que es una de las sensaciones que más nos cuesta navegar. Desde esa sensación, aprender a mirar desde el amor, que tal vez liberar esa relación es lo mejor que se puede hacer para ambas partes, implica una madurez que siento estamos transitando todavía colectivamente en la tierra. “Te amo y te dejo libre, porque me amo también y no ataré a alguien que no quiere estar a mi lado”, es una de las actitudes en mi estimación, que necesitan de mayor acompañamiento posible. Al dolor tal cual como se presente, al trabajo con la autoestima, a permitirse rodearse de “cosas y seres que si nos quieran” y una de las profundizaciones más impresionantes en la vibración de amor incondicional que he visto (incluidos a nosotros y nosotras mismas). He visto que “el rechazo” puede ser también ancestral, podemos estar en un sistema familiar donde por generaciones ha habido “excluidos” o rechazados, sin que lo sepamos. El rechazo, puede también haber sido experimentado muy pequeños, antes de tener herramientas para poder navegarlo, antes de tener amor propio, y entonces todos los rechazos que siguen en la vida tocan de alguna manera esa herida primaria, o esas heridas ancestrales. Es por eso que el abrazo a la niñez interior se ha vuelto tan fundamental en las terapias, el poder abrazar con acompañamiento a nuestras partes pequeñas heridas por falta de amor, a la falta de amor que padres no pudieron dar, porque tampoco ellos lo pudieron recibir. Si miro en una visión amplia, pueden ser milenios, de generaciones y generaciones, sin “madre”, sin “padre”, sin ese amor “ideal”, o incondicional, que recuerda a la divinidad misma, y que nos nutre para desarrollarnos como seres humanos “plenos”. Entonces qué hacemos? cómo “vuelve” ese tipo de amor al planeta? Cómo nos maternamos y paternamos a nosotros mismos? cómo dejamos ir a quien ya no nos quiere? Cómo le decimos a alguien que ya no le queremos en nuestras vidas?… Sólo el hecho de tomar una decisión he visto que es importante, frente a la pregunta de “¿dónde se acaba este ciclo de desamor?” que la respuesta sea “En mi”, siento que es una decisión, consciente o inconsciente, que se requiere para poder decir a la existencia, “quiero vivir y estoy disponible para hacerlo distinto”. Una vez que ya está la decisión, es posible entonces “comunicarla” con acciones en el mundo, que aunque sean pequeñas o cotidianas, de alguna manera refuerzan al universo, a la existencia y a nosotros mismos, que si vamos eligiendo los cambios que queremos luego del dolor del rechazo. Eso siento que es lo central del llamado “autocuidado”, con esto, he visto que se genera una energía de coherencia alrededor de la persona que lo hace, pero que también dependerá de la historia personal, de las circunstancias en las que nos encontremos, y en lo que estemos dispuestos a profundizar para poder ir creando otra coherencia. De todas maneras, sabiendo que existe la muerte, sabiendo que existen los finales, los cambios y el rechazo, creo que el amor propio y a los demás, se vuelve un fiel acompañante para el proceso con el dolor, se vuelve un aliado y nos muestra el camino de vuelta a la vida si así lo elegimos. Entonces otro recurso, si es que el amor nos es dificil por el momento, es irse preguntando ¿qué haría alguien que se ama a si mismo/misma, en este momento?, ¿qué haría el amor, que me incluye también a mi y a todo, en esta situación? Porque paradójicamente, el sólo hecho de escucharnos en esa respuesta, de poner atención hacia dentro y en la intención de la vibración de amor incondicional, ya va generando algo distinto. Para todo este proceso, paciencia, la sabiduría de un día a la vez, de un momento a la vez, por algo es tan común. Y si todo falla, recordar que pedir ayuda, también es una opción.