“La forma más elevada de inteligencia humana es la capacidad de observar sin juzgar” Jiddu Krishnamurti.

Uno de los saltos más grandes que he sentido en mi vida fue cuando descubrí que podía observar mis pensamientos. Muchas personas hablan de ese momento en sus vidas como un paso importante en sus prácticas meditativas y desarrollo espiritual, en mi caso, la identificación con mi mente racional estaba muy presente en ese tiempo, yo pensaba y entonces existía, mis pensamientos eran la forma en que procesaba la realidad. Entender y reflexionar desde mi mente era la forma fundamental de relacionarme con el mundo, para poder también decodificar y protegerme de todo lo que sentía. Pero en el momento en que pude observar lo que estaba pensando, fue como si un aspecto mío literalmente hubiese despertado, había algo distinto dentro de mi que decía, “esto es un pensamiento”, que decía, “esta es mi mente pensando”, era como si esa parte estuviera sentada en un sillón un poco más lejos, mirando lo que estaba pasando por mi cabeza. Tenía mucha paciencia, sentí otro ritmo y era como si pudiera ver también mi cuerpo, mis sensaciones y no solo la voz que pensaba. Se me abrió un totalidad más grande de mi ser en ese momento, fue como entrar en otra dimensión de mi. No creo que haya una sola manera de hacer eso, y probablemente en mi caso fue tras una práctica más extensa de meditación, reflexión y estar sumergida en diferentes perspectivas espirituales. Probablemente incluso no fue en un solo instante, pero así fue como se sintió, de un momento a otro, mi experiencia de la realidad cambió, porque ahora podía observar que mis pensamientos no eran LA realidad, sino una forma de interpretarla. Desde ahí en adelante, entendí también que entonces mis creencias y pensamientos, influenciaban también mi forma de experimentar la vida, la realidad, de tomar decisiones, y la parte o capacidad observadora de mi ser, me recordó que si eso es así, entonces puedo cambiar también mis decisiones y mi experiencia. Comencé a entender que “la realidad” puede ser más moldeable de lo que pensaba. Si bien estamos en un mundo al parecer fijo, dado, y que nos “sucede” desde afuera, el recurso de observar, el aspecto interno propio de la “observación”, nos permite también cuestionar “lo que es”, y con ello la inercia de las creencias y decisiones aprendidas. En mi experiencia, es desde ese lugar, desde el “vacío” de la observación de lo que “está siendo”, donde puedo tomar consciencia de qué es lo que me “sucede” realmente, qué está pasando en mi interior y entonces cuestionarlo. La observación interna y la curiosidad, entonces sabemos, que es una parte fundamental de la terapia, pero si le agregamos la parte espiritual, se vuelve una capacidad que nos permite cuestionarlo todo. Todo cuanto está hecho, todo cuanto nos han dicho, todo lo que está “construido”, todo lo que aparentemente es real. Y el punto es que cuestionar, no significa necesariamente dejar de elegirlo como una verdad, sino poder tomarlo, observarlo, revisarlo y elegir si lo queremos dejar ahi, en el grado de “verdad” o no. Una mente “crítica”, la capacidad de cuestionar algo, viene para mi, desde esta capacidad de observación, es un recurso humano que siento, nos permite expandir nuestra mente, cuanto nos sea cómodo a cada quien hacerlo. Está en boga ultimamente el concepto de deconstrucción, aprender a desaprender, y este estado, “la observación”, siento que nos permite desapegarnos de lo que aparentemente “es”, para experimentarlo más directamente, sin el filtro de creencias que pueden ser antiguas, de otras personas, o que nos hayan servido, pero ya nos estén limitando. Para experimentarlo, además de la meditación, en mi caso recomiendo estas preguntas cuando aparezca un pensamiento fijo que se presente como verdad absoluta, “esto puede ser distinto?” “puedo sentirme diferente con respecto a esto?” y si aparece que no, “¿por qué no?” y si aparece una razón que aparentemente va más allá de ti, repite las mismas preguntas pero pensando en el colectivo, “esto puede ser distinto en la tierra/el mundo?” “por qué no?” y “qué puedo hacer yo en mi vida con eso?”. Luego observar, sólo observar, desde ahí puede ser que aparezca una respuesta distinta.